Cuando una familia acumula una fortuna lo suficientemente grande, contratar un asesor financiero deja de ser suficiente: la solución que ado...
Cuando una familia acumula una fortuna lo suficientemente grande, contratar un asesor financiero deja de ser suficiente: la solución que adopta la superélite mundial es crear su propia institución financiera privada, dedicada en exclusiva a gestionar su patrimonio, su planificación sucesoria y su estrategia fiscal. Se llaman "family offices", y su número se ha disparado en los últimos años hasta convertirse en un actor silencioso pero cada vez más influyente en los mercados globales de capital privado.
El crecimiento del sector es abrupto: de aproximadamente 1,285 family offices en 2019 a más de 4,500 en 2023, hasta superar hoy las 8,000 estructuras identificadas a nivel mundial, según estimaciones de la consultora Altss, que en un conteo más amplio rastrea más de 9,000 oficinas verificadas. En conjunto, estos vehículos ya administran 5.5 billones de dólares en activos, una cifra que se proyecta llegue a 9 billones para 2030, según análisis publicado en Forbes. El reporte global de UBS de 2026, basado en 307 family offices de más de 30 mercados, encontró que el patrimonio neto promedio de las familias encuestadas es de 2,700 millones de dólares, con cada oficina gestionando en promedio 1,300 millones de dólares en activos.
La forma en que esta élite invierte su dinero revela sus prioridades estratégicas para los próximos años: el informe de JP Morgan Banca Privada, con datos de 333 family offices en 30 países, encontró que 64% de estos vehículos considera la geopolítica como el mayor riesgo actual para sus inversiones, mientras 65% planea priorizar la inteligencia artificial en su asignación de activos —aunque esa intención todavía no se refleja completamente en sus carteras reales—. En América Latina, el 61% de los family offices planea modificar su asignación estratégica de activos durante 2026, con inteligencia artificial, infraestructura y energía como las tres tendencias de inversión más citadas, en un contexto donde estas oficinas prefieren cada vez más mirar hacia mercados desarrollados y activos líquidos, reduciendo su exposición a la volatilidad política y regulatoria de sus propios países de origen.
Lo más revelador del informe de UBS, sin embargo, no es hacia dónde fluye el dinero, sino la fragilidad estructural que muchas de estas fortunas todavía no han resuelto: solo 35% de los family offices encuestados cuenta con un plan de sucesión definido, pese a que la mayoría de estas estructuras ya atiende a la primera y segunda generación de sus familias fundadoras. Es una paradoja notable: instituciones diseñadas específicamente para preservar riqueza a través de generaciones, con acceso a los mejores asesores legales y financieros del mundo, que en su mayoría todavía no han resuelto por escrito qué pasará con esa fortuna cuando su fundador ya no esté al mando. Analistas del sector coinciden en que la transición generacional —no la volatilidad de los mercados ni la geopolítica— podría terminar siendo el mayor riesgo no gestionado de la industria del family office en la próxima década.
Fuentes: Forbes, UBS Global Family Office Report 2026, Foro Jurídico, JP Morgan Private Bank (vía Tiempo de Inversión), Business Research Insights, Altss.

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