En 2025, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 12,4 % de los jóvenes de entre 15 y 24 años que buscaban empleo en el mun...
En 2025, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 12,4 % de los jóvenes de entre 15 y 24 años que buscaban empleo en el mundo no lo encontraba: unos 67 millones de personas. Pero esa cifra, la tasa de desempleo juvenil, deja fuera a millones de jóvenes que ni siquiera buscan trabajo. Por eso, desde hace dos décadas, organismos internacionales y gobiernos recurren a otro indicador: la proporción de jóvenes que no tienen empleo ni están estudiando ni recibiendo formación, conocida en inglés como NEET y en español, popularmente, como "ninis". Según el informe Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026 de la OIT, esa proporción ronda el 20 %, más de 257 millones de jóvenes.
La diferencia entre ambos indicadores es metodológica, pero tiene consecuencias profundas. La tasa de desempleo solo cuenta a quienes no tienen trabajo y lo buscan activamente. Un joven que dejó de buscar porque se desanimó, una joven que cuida a sus hermanos o a sus hijos, o alguien que está enfermo no aparecen como desempleados: quedan fuera de la población activa. El indicador nini captura a todos ellos, y por eso ofrece una imagen más completa de la desconexión de la juventud con la educación y el mercado laboral. Desde 2015, forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que se propusieron reducirlo de forma sustancial para 2020, una meta que no se cumplió.
Los datos revelan grandes desigualdades. Las tasas más altas se registran en los Estados árabes y en el norte de África, donde al menos uno de cada tres jóvenes está en esa situación. La brecha de género es especialmente marcada: en el mundo, las mujeres jóvenes tienen aproximadamente el doble de probabilidades que los hombres de no estudiar ni trabajar, sobre todo por las responsabilidades de cuidado no remuneradas y las normas sociales. En América Latina, la proporción ronda uno de cada cinco jóvenes, con fuertes diferencias según el nivel socioeconómico.
El término "nini", sin embargo, también ha sido criticado. En el uso popular, sobre todo en España y México, se asocia a jóvenes apáticos que no quieren hacer nada, una imagen que los datos desmienten. La mayoría de las mujeres clasificadas como ninis en América Latina realizan trabajo doméstico y de cuidados durante muchas horas a la semana, un trabajo esencial que las estadísticas convencionales no consideran empleo. Un estudio del Banco Mundial sobre la región, titulado precisamente Ninis en América Latina, mostró que el fenómeno se concentra en hogares pobres y en jóvenes que abandonaron la escuela de forma temprana, y que está vinculado con mayores riesgos de exclusión, embarazo adolescente y, en algunos contextos, violencia.
El indicador tiene también límites técnicos. No distingue entre quien pasa unos meses entre un empleo y otro y quien lleva años excluido; tampoco capta el empleo informal precario, que en los países de ingresos bajos y medio-bajos afecta a casi nueve de cada diez trabajadores jóvenes. Por eso la OIT lo combina con otras medidas, como la calidad del empleo y la transición de la escuela al trabajo.
La OIT advierte ahora de un nuevo factor: alrededor del 6 % de los empleos ocupados por jóvenes de 15 a 29 años están en ocupaciones muy expuestas a la inteligencia artificial, sobre todo tareas administrativas que servían como puerta de entrada al mercado laboral. Medir bien a la juventud que queda fuera no es un tecnicismo: es el primer paso para diseñar políticas que la incluyan.
Fuentes: Organización Internacional del Trabajo, Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026; OIT, ILOSTAT; Banco Mundial, Ninis en América Latina (2016); Naciones Unidas, Objetivo de Desarrollo Sostenible 8.6.

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