Cuando un país anuncia que el desempleo está bajo, esa cifra no dice cuánta gente trabaja sin contrato, sin seguridad social o sin derechos ...
Cuando un país anuncia que el desempleo está bajo, esa cifra no dice cuánta gente trabaja sin contrato, sin seguridad social o sin derechos laborales. Esa información está en otra métrica, la del empleo informal, que a escala global es enorme: según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cerca del 58 % de los ocupados del mundo, unos 2.100 millones de personas, trabaja en la informalidad, de acuerdo con las conclusiones de la OIT difundidas en abril de 2026.
La primera estimación global basada en encuestas oficiales la publicó la OIT en 2018 y arrojó 61 %, unos 2.000 millones de personas en más de cien países. La actualización de 2023, con datos recogidos sobre todo en 2019, mostró una disminución a 58 %. La cifra varía enormemente por región; según la edición de 2018, cerca de 86 % en África, alrededor de 68 % en los Estados Árabes y Asia-Pacífico y más de 50 % en América del Sur, Centroamérica y el Caribe. En esa última región, el rango va del 24,5 % en Uruguay a cerca del 80 % en Honduras, Guatemala y Nicaragua. En agricultura, el porcentaje supera el 90 %.
Medirla exige decisiones metodológicas. La OIT distingue el sector informal (empresas no registradas) del empleo informal (puestos sin protección legal, incluso dentro de empresas formales o en hogares). Por eso la informalidad no es solo cosa de vendedores ambulantes: también aparece dentro de cadenas globales de producción y en servicios de sectores dinámicos, según el organismo. Por la definición internacional, se trata de actividades insuficientemente cubiertas, en la ley o en la práctica, por sistemas formales. Cerca de 47 % de los trabajadores informales son por cuenta propia, según WIEGO.
Las cifras tienen limitaciones. Provienen de encuestas de hogares, y los propios expertos advierten que las estadísticas sobre economía informal son poco fiables por la naturaleza de su objeto. Las comparaciones cambian si se excluye la agricultura: sin ella, la informalidad global baja a cerca de 50 %. Y los datos más recientes reflejan años anteriores, de modo que los efectos de choques como la pandemia o los conflictos tardan en aparecer: la OIT mencionó que en América Latina hubo un repunte posterior a la COVID-19 por la pérdida de empleos formales.
El dato importa porque matiza otros indicadores. Un desempleo estable puede convivir con precariedad: la OIT estima que cerca de 284 millones de trabajadores viven en pobreza extrema y que la informalidad es a la vez causa y consecuencia de la pobreza. También hay un efecto fiscal, pues la economía informal limita la recaudación y la protección social. Pero la informalidad no siempre es una elección: la OIT subraya que la mayoría entra en ella por falta de oportunidades formales, no por preferencia.
De allí una lección de lectura de métricas: ningún indicador aislado describe el mercado laboral. Para evaluar la calidad del empleo conviene mirar al menos tres cosas a la vez: la tasa de desempleo, la proporción de informalidad y el ingreso real de quienes trabajan.
**Fuentes:** Organización Internacional del Trabajo (OIT); Noticias ONU; WIEGO; SciELO México; El Economista (España); ABC Color; Wikipedia (economía informal).

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