A finales de 2024, la tonelada de cacao llegó a cotizarse cerca de 12.000 dólares en los mercados internacionales, más de cuatro veces su pr...
A finales de 2024, la tonelada de cacao llegó a cotizarse cerca de 12.000 dólares en los mercados internacionales, más de cuatro veces su promedio de la década anterior, que rondaba los 2.500 dólares. Pocos meses después, en febrero de 2025, el café arábica superó los 4 dólares por libra, un récord histórico. Las tabletas de chocolate se encogieron o subieron de precio, y las cafeterías de medio mundo ajustaron sus menús. Detrás de ambos fenómenos hay una misma combinación: cultivos concentrados en pocas regiones, un clima cada vez más errático y mercados financieros que amplifican cada sobresalto.
El caso del cacao es un ejemplo extremo de concentración. Costa de Marfil y Ghana producen cerca del 60 % del cacao mundial, y el conjunto de África occidental alrededor del 70 %. Entre 2023 y 2024, esa región sufrió una tormenta perfecta: lluvias excesivas seguidas de sequía asociadas al fenómeno de El Niño, la expansión del virus del brote hinchado, que mata los árboles, y plantaciones envejecidas tras décadas de baja inversión. Muchos agricultores, que reciben precios fijados por los gobiernos y viven en la pobreza, no tenían recursos para renovar sus cultivos. La producción cayó y el mercado entró en el mayor déficit en décadas.
El café vivió una historia parecida. Brasil, el mayor productor mundial, y Vietnam, líder en la variedad robusta, padecieron sequías y temperaturas extremas que redujeron sus cosechas. Como el cafeto necesita condiciones de temperatura y altitud muy concretas, los estudios climáticos advierten que la superficie apta para cultivarlo podría reducirse de forma significativa en las próximas décadas.
Los precios, sin embargo, no dependen solo del clima. En los mercados de futuros de Nueva York y Londres, fondos de inversión y especuladores compran y venden contratos sobre cosechas que todavía no existen. Cuando la oferta escasea, esa actividad puede acelerar las subidas, y cuando las expectativas cambian, provocar caídas igual de bruscas. Eso es lo que ocurrió con el cacao en 2025: ante previsiones de mejores cosechas en Costa de Marfil y el fin de la ola especulativa, su precio cayó más de un 50 % en un año, hasta rondar los 5.000 dólares por tonelada. Aun así, sigue duplicando su promedio histórico.
Que el precio de la materia prima baje no significa que el consumidor lo note de inmediato. Los fabricantes compran el cacao con meses de antelación mediante contratos de cobertura, y los precios minoristas tienden a subir rápido y bajar despacio, un fenómeno que los economistas llaman "asimetría de precios". Por eso, en la Navidad de 2025, el chocolate seguía caro aunque el cacao se hubiera abaratado.
Los episodios del cacao y el café muestran un desafío económico más amplio. El cambio climático no solo provoca desastres visibles, sino que introduce volatilidad en los precios de alimentos y materias primas, con efectos sobre la inflación de los países consumidores y sobre los ingresos de millones de pequeños productores en los países del sur. Las respuestas que se discuten van desde diversificar las zonas de cultivo y desarrollar variedades más resistentes hasta pagar precios más justos que permitan a los agricultores invertir en sus plantaciones. La pregunta es quién asumirá el costo de adaptar a un clima más hostil los cultivos de los que dependen nuestros placeres cotidianos.
Fuentes: Coface (diciembre de 2025); Anadolu Agency; Capital.com; Organización Internacional del Cacao (ICCO); Organización Internacional del Café (OIC); Bolsa Intercontinental (ICE); Business Report.
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