El oro superó los 5,500 dólares por onza en enero de 2026 y acumula un avance cercano al 30% en lo que va del año, extendiendo una racha alc...
El oro superó los 5,500 dólares por onza en enero de 2026 y acumula un avance cercano al 30% en lo que va del año, extendiendo una racha alcista sin precedentes en la historia reciente del metal. Detrás de esa cifra hay un actor protagonista que rara vez ocupa titulares: los bancos centrales del mundo, que compran oro al ritmo más agresivo en décadas como parte de una estrategia deliberada de reducir su dependencia del dólar estadounidense.
Las cifras del segundo trimestre de 2026 son contundentes: los bancos centrales adquirieron 288.9 toneladas de oro, un salto de 62% frente al mismo periodo de 2025, según el World Gold Council. Polonia lidera ese movimiento con 51 toneladas adquiridas solo en el trimestre —sumando 82 toneladas repatriadas desde enero— con la meta declarada de alcanzar 700 toneladas en sus reservas nacionales. China no se queda atrás: el Banco Popular de China registró sus compras más altas desde finales de 2023, elevando sus reservas oficiales a 2,346 toneladas. Una encuesta del propio World Gold Council entre bancos centrales encontró que 45% planea aumentar sus tenencias de oro durante el próximo año, la cifra más alta desde que la encuesta comenzó en 2018, y 89% espera que las reservas mundiales de oro sigan creciendo.
Los factores que explican esta fiebre se combinan y refuerzan entre sí: la incertidumbre geopolítica global, la preocupación por la independencia de la Reserva Federal estadounidense, el aumento sostenido de la deuda de Estados Unidos, la volatilidad del comercio internacional y, sobre todo, la desdolarización deliberada de las reservas de los países que buscan reducir su exposición al dólar. Analistas de Deutsche Bank describen el momento como "un periodo en el que la legitimidad y la resistencia de las instituciones y los sistemas que han sustentado la estabilidad económica y geopolítica mundial durante décadas" están siendo puestas a prueba, lo que empuja a los gestores de reservas hacia activos considerados refugio frente a cualquier otra divisa nacional.
El fenómeno tiene, además, un capítulo de rivalidad simbólica con las criptomonedas: mientras el oro consolida su papel de "capital analógico" —en palabras del propio sector cripto—, figuras como Michael Saylor de Strategy insisten en que Bitcoin, el "capital digital", ha superado al oro en rendimiento ajustado por riesgo desde 2020. Sea cual sea el activo que termine ganando esa disputa retórica, el dato estructural es el mismo: la participación del oro como porcentaje de las reservas internacionales alcanza niveles no vistos desde principios de los años noventa, y con la primera decisión de tasas de interés bajo la nueva presidencia de la Reserva Federal aún por definirse, los analistas coinciden en que 2026 quedará marcado como el año en que el mundo, silenciosamente, empezó a confiar menos en el dólar como reserva de valor única.
Fuentes: Rumbo Minero, Bloomberg Línea, DiarioBitcoin, Banco Mundial (blogs), CoinTribune, CryptoNews.

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