Cada enero, coincidiendo con el Foro Económico Mundial de Davos, Oxfam publica un informe que se ha convertido en uno de los termómetros má...

Cada enero, coincidiendo con el Foro Económico Mundial de Davos, Oxfam publica un informe que se ha convertido en uno de los termómetros más citados de la desigualdad global. La edición de enero de 2026 arrojó un dato que resume el fenómeno con crudeza: los 12 multimillonarios más ricos del mundo —encabezados por Elon Musk— poseen, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad, unos 4,000 millones de personas.
La fortuna conjunta de los multimillonarios del planeta alcanzó un récord histórico en 2025, y Oxfam vincula ese salto directamente a las políticas del segundo gobierno de Donald Trump —recortes fiscales, menor presión regulatoria sobre corporaciones multinacionales y un escrutinio antimonopolio más laxo— combinadas con las valoraciones bursátiles disparadas de las empresas de inteligencia artificial, que generaron ganancias inesperadas para inversionistas que ya eran ricos. Solo en el último año, los multimillonarios del mundo sumaron 2.5 billones de dólares a sus fortunas, una cifra aproximadamente equivalente a la riqueza total que posee toda la mitad más pobre del planeta.
Lo que distingue el análisis reciente de Oxfam de reportes similares de años anteriores es su énfasis en la dimensión política, no solo económica, de esta concentración. La organización calcula que los multimillonarios tienen 4,000 veces más probabilidades que un ciudadano promedio de ocupar un cargo político, y que más del 11% de los multimillonarios del mundo ha ocupado o buscado activamente un puesto político formal. Más de un tercio de las 50 empresas más grandes del mundo tiene hoy a un multimillonario como director ejecutivo o accionista mayoritario, con una capitalización bursátil combinada de 13.3 billones de dólares. Esta influencia, advierte Oxfam, se traduce en control sobre medios de comunicación, financiamiento de campañas políticas y actividades de cabildeo que terminan moldeando las reglas económicas a favor de quienes ya concentran más recursos.
El fenómeno tiene, además, una geografía marcada de desigualdad entre países: pese a representar el 79% de la población mundial, los países del Sur global apenas controlan el 31% de la riqueza total del planeta. En América Latina, el caso colombiano ilustra el patrón a escala nacional: cuatro multimillonarios concentran cerca de 42,000 millones de dólares en un país con altos niveles de pobreza e informalidad laboral. Oxfam insiste en que la respuesta no es solo moral sino fiscal: propone impuestos más altos a la riqueza extrema —hoy vigentes en muy pocos países, como Noruega— y estima que una reforma fiscal profunda en América Latina y el Caribe podría incrementar la recaudación regional hasta en 4% del PIB. Mientras esa discusión avanza lentamente en los parlamentos, la brecha entre la élite económica global y el resto de la humanidad sigue ensanchándose, año tras año, sin que ningún mecanismo internacional haya logrado hasta ahora revertir la tendencia.
Fuentes: RTVC Noticias, Forbes México, Oxfam International, Oxfam Intermón, El Colombiano, La República (Colombia).
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