Hay una pregunta que los datos económicos no responden solos: ¿por qué quienes más tienen son los menos dispuestos a ceder? La respuesta, ...
Hay una pregunta que los datos económicos no responden solos: ¿por qué quienes más tienen son los menos dispuestos a ceder? La respuesta, sorprendentemente, no está solo en los balances contables ni en las ideologías. Está en la biología.
La neurociencia lleva décadas estudiando los efectos del poder sobre el cerebro humano, y sus conclusiones son tan precisas como incómodas. Investigadores como el neurocientífico Sukhvinder Obhi, de la Universidad McMaster en Ontario, han documentado que el poder afecta un proceso neural específico: el llamado "reflejo especular", directamente asociado con la capacidad de sentir empatía. Las personas con poder podrían sufrir un proceso de degradación progresiva en esa área del cerebro que las lleva a perder las capacidades necesarias para mostrar preocupación genuina hacia los demás. Psyciencia
No es metáfora. Es fisiología.
El estudio de Obhi demostró que cuando se coloca a personas en un estado donde se sienten más poderosas, su sensibilidad hacia otras personas se reduce, junto con su habilidad de ponerse en el lugar ajeno. En términos llanos: cuanto más poder acumula una persona, menos capaz es de imaginar lo que vive quien no lo tiene. Expansión
La paradoja que nadie quiere nombrar
Los investigadores concluyen que una persona poderosa termina perdiendo las cualidades que la llevaron a esa posición, cayendo en lo que se conoce como la paradoja del poder: crea su propio mundo y pierde la capacidad de mantener relaciones sociales saludables con las personas comunes que la encumbraron. La élite, en ese sentido, no se vuelve fría por elección moral. Se vuelve fría por arquitectura cerebral. El Comercio
La neurociencia muestra que el poder cambia el funcionamiento del cerebro. Hormonas como la testosterona están relacionadas con el estatus elevado, y su aumento propicia un patrón de conductas más competitivo y defensivo del propio interés. La bioquímica del privilegio es real, medible y, hasta ahora, políticamente ignorada. Dialnet
Esto importa porque la concentración de riqueza no es un fenómeno abstracto. En México, entre 1996 y 2025, la riqueza de los milmillonarios se multiplicó 4.2 veces mientras la economía del país ni siquiera duplicó su tamaño. Quienes tomaron las decisiones que produjeron ese resultado operaban —según la ciencia— con cerebros progresivamente menos capaces de procesar el costo humano de sus elecciones. Oxfam
Cuando la élite económica se convierte en élite política
Una investigación de la Universidad de California en Berkeley, liderada por el profesor Dacher Keltner, analizó en siete experimentos cómo el poder modifica la conducta. Los resultados confirmaron que las personas poderosas tienden a comportarse con menor empatía y menor apego a normas éticas. No por maldad, sino por un proceso neurológico documentado. Infobae
El cruce entre esta evidencia científica y la realidad política latinoamericana es revelador. Expertos en psiquiatría y neurociencia advierten que el miedo, la identidad política y la ansiedad influyen más que el análisis racional en las decisiones de los ciudadanos. Mientras la base vota con el sistema límbico, la élite gobierna con un córtex prefrontal que ha perdido capacidad de resonar con el otro. Occidente
El resultado es una asimetría doble: la de los ingresos, que los economistas ya documentaron con precisión; y la de la empatía, que la neurociencia acaba de poner sobre la mesa. Dos brechas que se alimentan entre sí y que, juntas, explican por qué las estructuras de concentración de poder son tan resistentes al cambio.
Los expertos señalan que el poder no corrompe directamente, sino que amplifica los sesgos que ya existen en cada persona. Lo que la élite revela cuando llega arriba no es lo que adquirió en el camino. Es lo que siempre fue, amplificado por un cerebro que ya no tiene con qué frenarse. Infobae

COMENTARIOS