Pocas afirmaciones económicas se repiten tanto en política como esta: "los aranceles los paga el otro país". La idea es intuitiva:...
Pocas afirmaciones económicas se repiten tanto en política como esta: "los aranceles los paga el otro país". La idea es intuitiva: si un gobierno grava los productos importados, parecería que el costo recae sobre el exportador extranjero. Pero la economía lleva décadas estudiando la llamada "incidencia" de los impuestos, es decir, quién soporta finalmente su carga, y la respuesta casi nunca coincide con quién firma el cheque.
En términos legales, un arancel lo paga el importador del país que lo impone: la empresa que trae la mercancía entrega el dinero a la aduana. A partir de ahí, la carga puede repartirse de tres formas. El exportador extranjero puede bajar sus precios para no perder clientes, y en ese caso absorbe parte del impuesto. El importador puede reducir su margen de ganancia. O ambos pueden trasladar el aumento al consumidor final. El reparto depende de cuánto poder de mercado tiene cada parte y de si existen proveedores alternativos.
La evidencia de los últimos años apunta en una dirección clara. Tras los aranceles que Estados Unidos impuso a China en 2018 y 2019, varios estudios académicos, entre ellos los de Mary Amiti, Stephen Redding y David Weinstein, concluyeron que el traspaso a los precios internos fue prácticamente completo: los exportadores chinos apenas bajaron sus precios. La ola arancelaria de 2025 permitió repetir el análisis a gran escala. En enero de 2026, el Instituto de Kiel para la Economía Mundial publicó un estudio de Julian Hinz y sus colegas basado en más de 25 millones de registros de embarques, equivalentes a casi 4 billones de dólares en importaciones estadounidenses. Su conclusión: los importadores y consumidores de Estados Unidos soportaron alrededor del 96 % del costo, y los exportadores extranjeros solo el 4 %. "Enviaron menos, no más barato", resumió Hinz sobre la reacción de los exportadores indios ante el arancel del 50 %: sus envíos a Estados Unidos cayeron hasta un 24 %, pero sus precios no bajaron.
Otras estimaciones muestran un reparto algo más equilibrado, aunque con la misma tendencia. Un análisis de Goldman Sachs de octubre de 2025 calculó que los consumidores estadounidenses pagaban en ese momento cerca del 55 % del costo, las empresas estadounidenses alrededor del 22 %, los exportadores extranjeros un 18 % y que el 5 % restante se evadía con declaraciones a la baja. El banco proyectó que la parte del consumidor podría subir al 70 % con el tiempo, a medida que las empresas agotaran su capacidad de absorber el golpe.
Que la carga recaiga mayoritariamente en casa no significa que el país exportador salga indemne. Sus ventas caen, debe buscar otros mercados y algunas industrias pierden empleo. Por eso los economistas describen los aranceles como un juego en el que casi todos pierden algo. Para el país que los impone, funcionan en la práctica como un impuesto al consumo de bienes importados: recaudan, en el caso estadounidense unos 200.000 millones de dólares adicionales en 2025, pero encarecen productos y reducen la variedad disponible.
Los defensores de los aranceles responden que su objetivo no es solo recaudar, sino proteger industrias estratégicas, reducir la dependencia de rivales geopolíticos o ganar poder de negociación. Son argumentos que no dependen de quién paga, y que cada sociedad debe sopesar. Lo que la evidencia sí descarta es la idea de que el costo lo asume íntegramente otro país. Entender la incidencia no resuelve el debate sobre el comercio, pero permite discutirlo con las cuentas claras.
**Fuentes:** Instituto de Kiel para la Economía Mundial ("America's Own Goal", enero de 2026); Goldman Sachs (vía The Fiscal Times y Fox Business); Amiti, Redding y Weinstein, *Journal of Economic Perspectives* (2019); Bloomberg; idw – Informationsdienst Wissenschaft.
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